Pueblo v. Sensacionalismo.

By Friday, June 19, 2015 0 Permalink 1

 

prensa el cuarto poder

Buenos días a Vuestro Honor y a todos los funcionarios de este Honorable Tribunal, para efectos de registro, se dirige ante ustedes una joven con pocos años de experiencia en la práctica de la abogacía, pero con una extensa historia de descontentos con aquellos que tienen el poder de informar a nuestro país.

Hace varios días, el Honorable Juez José J. Ramírez Lluch tomó la decisión de terminar con su vida; alegadamente, porque fue notificado de una querella por hostigamiento sexual que se presentó en su contra. Digo alegadamente, su Señoría, porque el Juez Ramírez no dejó comunicación alguna que confirmara tal cosa, por lo que – al momento – son meras especulaciones las que responsablemente me debo abstener de fomentar. De ordinario, en una sala de justicia no hay lugar para “hearsay” o meras conjeturas, pero en su sala, la de los medios, todo se vale.

Los periódicos de nuestro país ya presentaron oportunamente su moción informativa; lograron identificar al querellante, publicar su nombre y crearle una narrativa. También, han sido sumamente informativos en consignar para el expediente del caso la manera en que el Juez Ramírez se quitó la vida, el aparato, el color del aparato y quién tuvo el desgraciado honor de encontrarlo. La parte aquí compareciente desea presentar como Exhibit todas las noticias publicadas en las últimas 48 horas.

Romances de oficinas. Amores prohibidos. Desengaños no aceptados. El Juez Ramírez no es el primer funcionario público al que se le acusa de sostener una relación inapropiada con personal de su oficina, pero vuestro Honor los medios informan que aquí existe un agravante – o mejor dicho “ratings booster”; la relación era de índole homosexual.

Los periódicos y nuestra homofobia colectiva están de fiesta.

¿Objeción? – Lo siento, no retiro lo dicho.

Deseo informar que la parte aquí compareciente ya no estará presentando el perito psiquiatra que tenía anunciado para que, entre la discusión de todas estas controversias, arrojara luz al tribunal sobre los terribles trastornos mentales – como la depresión y la ansiedad – que día a día afectan a nuestra sociedad. Condiciones de salud que, en ocasiones, tienen el terrible desenlace del suicidio y que para evitarlo, requieren un tratamiento directo y honesto, sin miedo a la burla y a la humillación. El perito designado iba a discutir, además, los trastornos psicológicos que padecen aquellas personas han estado sujetas a hostigamiento laboral, en cualquiera de sus vertientes. Trastornos que muchas veces previenen a estas personas de levantar la voz y presentar quejas en búsqueda de salvaguardar su dignidad. Pero Vuestro Honor, a este pueblo no le importa la opinión de los expertos; el chisme y el morbo son la mejor información.

Si me permite, su Señoría, deseo consignar, además, mi más enérgica oposición. Mi oposición a los comentarios insensibles de tantas personas que sólo ven en esta terrible tragedia un tema sobre el que chismear en el coffee break. Que son muy rápidos en señalar culpas y en propagar rumores, sin consciencia alguna de los daños que puedan causar. Que utilizan las redes sociales para propagar odio e intolerancia, sin entender que está aldea llamada Puerto Rico cada vez se vuelve más pequeña y que en cada noticia que sale, siempre – por algún lado – conocemos a uno.

Vuestro Honor, para efectos de argumentación, hago referencia al Artículo II, Sección 1 de la Carta de Derechos de nuestra Constitución, el cual dispone que: “La dignidad del ser humano es inviolable”, y que “Todos los hombres son iguales ante la Ley”. Su Señoría, estos principios, que son fundamentales en nuestro quehacer jurídico, no son de aplicación para el Cuarto Poder. Los tiempos cambiaron. Informar ahora es entretener y al boricua le fascina el bochinche. La dignidad del hombre se reduce a nada, sólo por tener la noticia más vista y comentada. Poco importa la dignidad y reputación del fallecido Juez Ramírez, o de su familia que le queda por vivir con los estragos de su decisión, o del joven que presentó la querella, quien probablemente sea un abogado con un futuro brillante por delante. ¿A ellos quien los defiende? Nadie, su Señoría. Ellos perdieron su humanidad tan pronto sus nombres fueron escritos en tinta en primera plana de alguno de los tantos rotativos que se reparten tempranito en el semáforo de la esquina.

Su Señoría, muy respetuosamente solicito que le urja a los periódicos, noticieros, y otros propagadores de información a que utilicen sus talentos para adelantar nuestros derechos inalienables; entre los que están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Elementos integrales en la discusión de estos hechos. Solicito que las noticias que publiquen informen sí, pero por sobre todo, conscienticen a los que les leen para que éstos se sientan capacitados y empoderados a ser libres de ser quienes verdaderamente son, para buscar su felicidad y poder vivir su vida a plenitud y de forma pública, sin importar color, raza, género u orientación sexual.

Por último su Señoría, es importante destacar la ocurrencia de daños en estos hechos. En la esfera legal, la obligación de probarlos recae en aquella persona que los reclama. Usualmente, hay que pasar prueba; aunque aquí deberían ser obvios. Pero no estamos ante un tribunal de justicia. En un tribunal de justicia, al menos, alguien gana. Aquí todos perdieron. Los involucrados, sus familiares, y el pueblo, que una vez más tiene que ser testigo de la falta de compasión y respeto tan representativo del quebranto de nuestra sociedad. Estamos ante el tribunal de los medios, su Señoría. Tal vez, aquí el sentido común sí tenga cabida. Tal vez en este foro, no tengamos que pasar por el proceso de descubrimiento de prueba. Basta con tratar de ponernos en los zapatos de otros para entender la existencia de los mismos. Y aun así, es imposible imaginar el dolor ajeno.

En vista de todo lo anterior, juzgue usted su Señoría y le exhorto a que en su dictamen, imponga a todos respeto, compasión y tolerancia. Espero no estar excediéndome en mi reclamo.

 

 

 

Comments are closed.