Lo que le pasó a los Del Pueblo.

By Sunday, March 22, 2015 0 Permalink 2

Pedro Rafael Del Pueblo nació a mediados de noviembre. Como buen Escorpiano, posee un corazón amable y un buen sentido del humor. Tiene un carácter fuerte, de ese que a veces puede llegar a ser arrogante. Sus padres lo adoran, y aunque en ocasiones están en desacuerdo con sus actitudes, prefieren evitar la confrontación.

Los padres de Pedro Rafael eran unos consumados alcahuetes y lo complacían en darle todo lo que él pedía. Lo cierto es que les era difícil negarse; Pedro Rafael era el orgullo de toda la familia.

En sus años de escuela, Pedro Rafael se destacaba por su talento en el baloncesto y la pelota; algo admirable considerando que no fue bendecido con la estatura de sus hermanos. También, le gustaba el canto y el baile, talentos que lo llevaron a ganar múltiples premios y le ganó fama y reconocimiento en su distrito.

Cuando llegó la hora de ir a la universidad, Pedro Rafael escogió estudiar ciencias políticas en Harvard del Caribe, la mejor universidad – y por supuesto, la más cara. La realidad económica en casa de Pedro Rafael había cambiado con los años, pero sus padres no querían que Pedro Rafael sufriera. No. Él se lo merecía. Él era bueno. Al menos, le darían la oportunidad de ver cómo le iba. Los ahorros de la familia eran limitados, pero suficientes para cubrir los estudios del primer año. “Dios proveerá” dijeron. Los usaron todos.

Como “prepa”, Pedro Rafael fue como todo estudiante: no se perdió ni una sola fiesta. Pero también sacó notas excelentes. Los padres estaban complacidos. Pedro Rafael era digno de su esfuerzo. ¿Cómo le iban a decir a Pedro Rafael que la piña se había puesto aún más agria? Un amigo de la familia le sugirió a los padres que hicieran que Pedro Rafael se consiguiera un trabajito para ayudar con los gastos de la universidad. Pero para los padres de Pedro Rafael eso era totalmente inaceptable. Pedro Rafael continuaría yendo a Harvard del Caribe. Coger un préstamo personal era la única forma viable. Endeudarse un poquito más valdría la pena. Y así hicieron.

Para su segundo año, Pedro Rafael empezó a cambiar sus visitas frecuentes a la biblioteca por visitas a la barra universitaria de turno. Su enfoque no era el mismo; pero todavía exhibía buen juicio y moderación. Las notas llegaron junto con la noticia de que Pedro Rafael había sacado su primera F. Los padres estaban sorprendidos. Pedro Rafael no era así. Los padres comenzaron mostrar preocupación. ¿Valdría la pena su sacrificio? Pero Pedro Rafael, con su carisma y corazón vivaracho, logró convencerlos de que la razón por la cual había fracasado su clase era porque no tenía una computadora nueva. La suya, que ya tenía tres años, siempre se le trancaba y hacia imposible que entregara sus trabajos a tiempo. Los Del Pueblo entendieron. De hecho, le pidieron perdón por haberlo enviado a la universidad sin los materiales apropiados. Y como buenos padres dedicados, fueron al Best Buy más cercano y dieron un buen tarjetazo. Pedro Rafael estaba equipado con una nueva computadora.

En su tercer año, Pedro Rafael encontró dificultad con eso de levantarse temprano para poder coger el tren y llegar a su primera, segunda y tercer clase. Sacó tres Fs. Las notas llegaron, junto con una carta de advirtiéndole a Pedro Rafael que la suspensión era inminente si no mejoraba sus notas. Los padres de Pedro Rafael estaban indignados, y él lloraba a lágrima viva. Pero Pedro Rafael con su carisma y poder de convencimiento, logró persuadirlos de que la razón por la cual había fracasado su clase era porque no tenía carro. Argumentó que de haber tenido cómo llegar a la escuela, hubiese podido no sólo pasar sus clases, sino sacar A en todas ellas. Ellos entendían. La realidad es que Pedro Rafael siempre fue bien dormilón. La culpa era de la universidad, que lo hizo coger clases tan temprano. “¿Quién aprende a esa hora?” pelearon los Del Pueblo. Así que como buenos padres querendones, fueron a donde la vecina y le pidieron su firma. Y entre “ay bendito” y “Dios te lo pague”, le sacaron un carrito nuevo a Pedro Rafael.

Ya se acercaba su último año, y Pedro Rafael sabía de antemano que no terminaría su Bachillerato en cuatro años así que fue preparando todas las promesas. Reunió a sus padres y les prometió que si le pagaban este cuarto año en la universidad, ya en el próximo terminaría su Bachillerato. Completaría, además, una segunda concentración. Y se graduaría de ambas con honores. Los Del Pueblo sabían que el plan de su hijo era difícil, sino imposible. Pero confiaron a ciegas en las promesas de Pedro Rafael. Se convencieron de que Pedro Rafael sabía que las cosas estaban malas, que había aprendido de años anteriores, que esta vez sería diferente. Que la experiencia seguro lo había hecho madurar. Que si alguien podía hacer la tarea casi imposible era Pedro Rafael. Así que, como buenos padres ciegos, los Del Pueblo tomaron la difícil pero necesaria decisión de sacarle una segunda hipoteca a la casa.

Llegó el final del cuarto año y Pedro Rafael se colgó. Fue expulsado de Harvard del Caribe.

Sus padres le debían a todo el mundo. Le debían hasta a las deudas. Y el Banco, que no se queda con nada, a la vez que se queda con todo, pasó factura.

Los Del Pueblo se quedaron sin casa. Acabaron sus ahorros y dañaron su crédito; tampoco el de la vecina se salvó.

Pedro Rafael era buena gente, el querendón de todos. Poseía un carisma inigualable, un poder de convocatoria envidiable y una cara bonita. Pero, Pedro Rafael hace tiempo no hacía las cosas bien. Eso todo el mundo lo sabía. Él dejó de fajarse; se convirtió en un vago, en una máquina de excusas. En un magistral vendedor de promesas; de las cuales ninguna cumplió.

Sin embargo, nadie le enseñó diferente. Nunca hubo una lección.

No se preocupen, Pedro Rafael estará bien. De hecho, seguro le ira súper. Se mudará pa’l Norte y conseguirá un buen trabajo. Las deudas de sus padres no le afectarán en lo absoluto. Después de todo, no estaban a su nombre. Para Pedro Rafael es borrón y cuenta nueva. Aquí no paso nada.

Quienes la están pagando – y caro – son los Del Pueblo, que ahora están viejos, y ganan menos. La vida está más cara que nunca y la calidad de ella nunca ha estado peor.

Seguro se arrepienten de no haber frenado a Pedro Rafael a tiempo. De no haber alzado su voz en protesta cuando la debacle no era inminente. De haber permitido que hiciera lo que quería con el dinero que no tenían. De haber dejado que pasaran cuatro años de clases fracasadas y gastos insostenibles; y de haber creído que seguro todo mejoraría en el próximo cuatrenio.

Pedro Rafael dejó a todos en la quiebra.

Los padres de Pedro Rafael prefirieron tapar el cielo con el dedo, mirar para el otro lado. Prefirieron echar culpas al aire, dirigidas a nadie, cuando solo bastaba que se miraran al espejo.

Pedro Rafael se postula y promete cambio cada cuatro años; promete que esta vez, todo sí va a funcionar. Nosotros somos los Del Pueblo, seguimos creyendo cuando la razón y el corazón ya saben más que eso.

Las cosas a tiempo hubiesen tenido remedio, pero a los Del Pueblo nunca les ha gustado la confrontación.

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