Quesos, cosas, casas.

By Tuesday, February 3, 2015 0 Permalink 0

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¿Y qué voy a hacer con mi despiste selectivo y con mi sueño frustrado de aprender a cocinar?” – Shakira, mi spirit animal.

Siempre recuerdo que en los programas de televisión que veía de pequeña, la mayoría de las escenas eran siempre en la cocina, confirmando que el amor entra por ahí y ahí mismito se queda. Mi mamá tiene unos excelentes dotes culinarios, producto del talento y de la práctica… mucha práctica. Éramos muchas las bocas que tenía que alimentar y, siendo ella una mamá alcahueta y consentidora, nos tenía siempre #forevercomiendo. El asunto es que, a diferencia de esas “TV moms”, mi mamá no quería que nos adentráramos en su espacio culinario. Siempre nos pedía a mis hermanos y a mí que nos fuéramos a hacer otra cosa, casi como cocinar era el único momento que tenía para no escuchar nuestro constante y enervante bullicio.

La vida era hermosa hasta que entré en mi adolescencia y la pregunta obligada de la gente era: “¿y ya sabes cocinar?”. Cuando les decía que no, me decían “¿y cómo vas a hacer cuando te cases?” Oh, the tragedy! El mensaje era claro: si seguía #forevercomiendo y no aprendiendo, iba a terminar #foreveralone.

Entre el recelo de mi madre con la cocina y la rebeldía de tener que aprender a cocinar por eso de estar apta para el matrimonio, pasé mucho tiempo sin ningún interés de hacerlo. En la universidad, el Universo – que seguro es mujer – me dio dos ‘roommates’ con aspiraciones frustradas de Rachel Ray, así que me convertí en una experta ayudante de cortar, probar y fregar.

Ya a mis casi treinta, digo con orgullo que tengo los conocimientos culinarios para sobrevivir un desastre natural y/o casarme con un camionero. Pero como no solo de arroz con salchichas y habichuelas colorás puede vivir el hombre, el 2015 me propuse cogerle cariño a cocinar y expandir mis horizontes culinarios.

Para mi primera receta escogí un favorito sentimental: Quesitos. Y como los potenciales papelones no se pasan solos, procuré de mi amiga Mordisco Dulce, una experta en el arte de buen comer y recién estrenada en esto de escribir y compartir. ¡Aquí les dejo nuestra deliciosa colaboración!


Ingredientes:

– Hojaldre o “Puff Pastry Sheets”;

– 1 Paquete de Queso Crema (preferiblemente a temperatura ambiente);

– Azúcar blanca;

– Extracto de vainilla;

– 1 huevo;

– Harina blanca (“All Purpose Flour”);

– Mantequilla o “Cooking spray”.


Preparación:

– Coloca el horno en 350 grados.

– Echa mantequilla o “cooking spray” en la bandeja de hornear.

– Descongela el hojaldre, de ser necesario,  pásale un rodillo de cocina para que se expanda un poco, y échale un poco de harina blanca.

– Prepara la mezcla: coloca el queso crema en un envase, echa dos cucharadas de azúcar, y una cucharadita de extracto de vainilla.

– Haz como Iris Chacón y bate que bate.

– Corta el hojaldre en cuadrados del tamaño deseado.

– Prepara la mezcla del “glace”: en un envase, mezcla un huevo y una cucharada de vainilla.


Quesito Time:

– Coloca aproximadamente una cucharada de la mezcla de queso crema en el cuadrado de hojaldre y dóblalo a tu gusto. Puede ser tipo croissant o tipo burrito. Mis intenciones iniciales eran que mis quesitos fueran visualmente atractivos y ricos en sabor, pero luego de los primeros intentos tuve que aceptar que mis quesitos – al igual que algunos de mis exes – se destacarían por lo que llevan dentro y no por fuera.

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– Con una brocha, “sella” el quesito utilizando la mezcla de huevo y vainilla. Aquí la delicadeza y la mesura es recomendada. No hay peor cosa que un quesito mongo, dicen por ahí.

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– “Sprinkle” azúcar encima de cada quesito. Esto es a gusto, pero si deseas el sugar high completo, repite el paso de “sellado” y “sprinkle” una vez más. O cinco o siete, aquí no estamos para juzgar.

– Coloca los quesitos en el horno por aproximadamente 15 minutos. Si a los 15 minutos no están doraditos, coloca el horno en “Broil” por dos a tres minutos y listo. Si no sabías que tu horno tenía la modalidad “Broil” eres de los míos.

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– Saca tus quesitos del horno, con mucho cuidado para que no te quemes. Si lo logras, toma muchas fotos del producto final y comparte tu nuevo talento de repostería en las redes sociales.

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– Luego de que dejes de chequear cuantos “Likes” tienen tus quesitos, prepárate una buena taza de café y celebra con tu amiga que no quemaste tu cocina. 🙂

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Si quieres seguir las aventuras culinarias de Mordisco Dulce, aquí les dejo su información de contacto. Les advierto que no vayan con hambre porque van a sufrir.

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