Siempre tendremos a Bavaria.

By Wednesday, October 22, 2014 0 Permalink 0

the-view-from-casa-bavaria

Morovis es la cuna de un nuevo Puerto Rico.

No, no me refiero a cuna por la peste a Desitin y Nenuco que se respiró en este pueblo este fin de semana. Lo digo porque en Morovis sucedió un fenómeno social que cambiará la historia de esta Isla y nos sacará del letargo económico.

No estoy jodiendo.

Verán, en Puerto Rico somos parte de un sancocho social.

El sancocho social se forma cuando los estudiantes de veintitantos años, los young professionals, los matrimonios jóvenes, cool and hip, los divorciados buscando volver a ser cool and hip, los cuarentones en mid life crisis, los cincuentones que no superan que ya se les fue el mid life crisis y Miguel Ferrer, janguean en el mismo sitio.

Todos, juntos y revueltos.

Pero, esto no siempre fue así.

Antes, había un código de conducta de jangueo y el mejor ejemplo de ello era Shannan’s. Los universitarios abarrotaban Shannan’s los miércoles. No les sé decir qué grupo iba el resto de los días porque yo sí seguía las reglas y solo bebía Long Islands: LOS MIERCOLES.

Pero me imagino que la recesión económica o el hacinamiento asqueroso que se sufre en esta Isla hicieron lo suyo, y ahora estamos en esta melcocha de todos contra todos peleando por la misma cerveza de $7 en la barra.

Los jóvenes de este país – a los que nunca les falta el espíritu y al parecer tampoco el dinero – decidieron dejar el sancocho y explorar tierras nuevas. Tierras que siempre han estado ahí pero que cobran importancia cuando el área metro les da el reconocimiento. Por eso, frustrados que papi y mami no les pudieron regalar ese viajecito al verdadero Oktoberfest en Alemania, estos jóvenes tomaron el jangueo en sus propias manos, se hicieron camisetas y alquilaron guaguas, y llegaron a Morovis a joder con la versión boricua.

Secretario de Turismo, preste atención: los jóvenes del área metro (que btw sí incluye a Bayamón y Carolina) ya están listos para aventurarse y conocer de su propia Isla. Se cansaron de hacer backpacking por Europa y de irse de road trip por California, y están dispuestos a – drumroll – actually conocer el país en donde viven. Eso e’ ñeta!

Pero, advierto, ese ímpetu no viene solo. No, no, no. Esa pompiaera tiene que venir acompañada de una buena excusa, preferiblemente de índole europeo o de reconocimiento internacional.

Por eso propongo – y lo leyeron aquí primero – que se hagan una alianza de festivales con los pueblos olvidados de esta Isla de Dios, para que éstos reciban las ganas de gastar, beber y bailar de nuestros jóvenes.

Celebremos nuestro propio Coachella en las bellas costas de Añasco, si total ya se han visto a nenas con coronas de flores rondando por los pasillos de la UPR.

Celebremos a San Fermín usando las 28,000 vacas del pueblo de Hatillo. Ciertamente, menos violento.

Traigamos el Lollapalooza a Ponce, que ya está acostumbrado a estos despingues gracias a las Justas.

Usemos el Bosque Seco de Guánica para hacer nuestro propio Burning Man. O hagamos el Carnaval de Venecia en las olvidadas costas de Patillas.

¿Suena de show verdad?

Así, poco a poco, le daremos a esta juventud tan aventurera las ganas y la oportunidad de descubrir a Puerto Rico, una excusa a la vez.

Es justo y necesario.

Si mi plan funciona – y vamos, me parece bastante moron proof – tal vez, algún día, los corillos de este país se hagan camisetas y alquilen guaguas para llegar al Festival de las Flores de Aibonito, al Festival del Guineo Lares o al Carnaval del Gandul en Villalba.

Pero si no sucede, y nos quedamos dando vueltas en el sancocho , al menos siempre tendremos a Casa Bavaria.

Comments are closed.