No me des piscinas; enséñame a nadar.

By Tuesday, August 5, 2014 0 Permalink 0

IMG_4609

M

ucho antes que los trapos sucios familiares se lavaran en la tragicomedia llamada “Caso Cerrado”, frente a la abogada y cantante, Dra. Ana María Polo, los puertorriqueños veíamos un pequeño show llamado “Laura en América”; mayormente, para consolar nuestra propia disfuncionalidad y apreciar nuestra buena salud dental.

Fueron muchas horas las que pasé en mi hora de almuerzo, recreando junto a mis amigas, los “skits” de un típico show de “Laura en América”:

Laura: “Niña, ¿Tu fumas?”

Wendy Sulcaish: “No, señorita Laura. No fumo.”

Laura: “Niña, ¿Tu bebes?”

Wendy Sulcaish: “No, señorita Laura. No bebo.”

Laura: “Niña, ¿Tienes novio?”

Wendy Sulcaish: “No, señorita Laura. No tengo novio.”

Laura (gritando): “Productor POR FAVOR pase el vídeo de la niña en la pollada, fumando y bebiendo… y QUE PASEEEE EL DESGRACIAAAADOOOOO.”

Puerto Rico necesita más polladas bailables.

En ocasiones, Laura regalaba los famosos carritos sandwicheros a aquellos invitados que estaban jodíos pero tenían ganas de progresar.

Para aquel entonces, en Puerto Rico existía “El Break de la Esperanza”, un segmento del show “Dame Un Break” en donde Dagmar regalaba ayuda a familias necesitadas. Recuerdo que mi madre utilizaba esta sección para llorar como una Magdalena, y para recordarnos que, después de todo, había gente más jodía que nosotros. Por cierto, siempre me pareció disturbing que “El Break de la Esperanza” era casi al final del show, y que Dagmar, después de regalar pañales Pampers y leche de fórmula por un año, se parara para decir que su traje era de Kation y su arreglo personal estaba a cargo de Wanda Montes. Pero, I digress.

Por mucho que colectivamente nos burláramos de ese show peruano, y de la pobre salud dental de sus invitados: Laura had it right. Laura te daba una forma de tu echar hacia adelante, de ganarte tu propio sueldo. Dagmar te regalaba una ayuda finita, que mejoraría tu situación por cierto tiempo, pero después estarías en las mismas. O sea, ¿quién le pagaba la luz a todas esa personas que “El Break de la Esperanza” le regaló un acondicionador de aire? ¿Telemundo? No creo. Laura te daba las herramientas para ser tu propio salvador; las ayudas de Dagmar te hacían depender de que alguien más te salvara, pero nunca tú mismo. Así, lamentablemente, viven muchos aquí. Esperando una mano amiga que les resuelva los problemas, pero con muy poca motivación para resolverlos ellos mismos.

En el día de ayer, Facebook (y posteriormente, la prensa) me anunció que el Secretario de Vivienda propuso la instalación de piscinas en los residenciales públicos con el propósito primordial de darles una actividad recreativa y clases de natación.  Tremendas intenciones, sí. Pero todos sabemos cómo va a terminar esto. Las piscinas se van a instalar; surgirá un problema burocrático con la contratación de salvavidas; ocurrirá la primera tragedia; y, adiós a los pool parties. Sin entrar en conversaciones acaloradas político-partidistas, creo que el consenso general es que los residenciales públicos, y las personas que residen en ellos, podrían beneficiarse de muchos otros programas, de enfoque más educativo y vocacional, que de aprender a nadar. Esta iniciativa se siente un poco como cuando un papá le compra un PlayStation 4, con todos los powers, a su hijo, para que éste olvide que papi ya no juega pelota con él, o va a verlo a las prácticas de baloncesto. Un esfuerzo más por parte de los que nos lideran para comprar al colectivo con entretenimiento fácil y llamativo, solo para que así ignoremos el que en lo que verdaderamente desarrolla y fomenta a un ser humano, la educación, estamos bien pobres.

Podríamos argumentar que utilizar 20 mil dólares para la construcción de piscinas es un gasto innecesario en nuestra actual economía; sobre todo, si consideramos que, después de todo, Puerto Rico es un país rodeado de agua. Considero que si los fondos que proponen utilizar para la instalación de piscinas los utilizaran para dar clases de natación en el mar, a la vez que conscientizan a los niños sobre la importancia de la preservación de nuestras playas, tal vez luego de un día feriado, éstas no estarían tan llenas de porquería.

De nada sirve que los salones de clase estén repletos de computadoras, si no hay maestros con un compromiso genuino de enseñar. De nada sirve que regalen “trapos de bolas”, si no hay facilidades donde jugar y desarrollar talento. De nada sirve que tengamos hermosas playas, si no inculcamos a los nuestros a usarlas y cuidarlas. De nada sirve que la población que reside en los residenciales públicos sepa nadar, si carecen de centro de tutorías para menores, medidas de seguridad efectivas, y facilidades eficientes y dignas, entre otros.

Por eso, en vez de construirles piscinas; mejor que les enseñen a nadar. A nadar, no meramente en un cuerpo de agua para así no ahogarse; a nadar, contra todos los obstáculos que presentan sus circunstancias sociales y económicas, para progresar, desarrollarse y salir adelante.

Las clases de natación son súper chéveres; pero es tiempo de que entendamos que hay muchas otras cosas que podríamos estar enseñando que verdaderamente salvan vidas.

Comments are closed.