El mal que no cubre la Tarjeta de Salud.

By Tuesday, August 19, 2014 0 Permalink 1

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Ayer, por razones que solo ella y los allí presenten saben, la Dra. Gloria Ortiz despotricó contra varios pacientes en el Hospital Regional de Bayamón. Entre los comentarios emitidos por la Dra. Ortiz estaba la recomendación de que la paciente se leyera un libro y que dejará de escuchar reggaetón, que por eso este país está como está; esto en aparente respuesta al reclamo de la paciente por el tiempo de espera para ser atendida. (Entre cosa y cosa, la doctora zumbó tremenda recetita social que le serviría bien a muchos, y hasta Daddy “la música clásica es de Hitler” Yankee se llevó su aguacerito; pero ese no es el punto.)

He visto varias veces el vídeo y, con honestidad, no me siento en la entera comodidad de defender la conducta de la doctora; no porque sus expresiones sean o no válidas, sino porque entiendo que el Hospital es su lugar de trabajo y, como tal, está allí como parte de una institución, en donde operan leyes y reglamentos. En ese sentido, la doctora estuvo mal en expresarse allí, y ciertamente, hay consecuencias cuando se violan las reglas de tu lugar de trabajo. Por ello, su actuación bien pudiera acarrear un despido. Nótese, sin embargo, que la doctora sufre unas consecuencias serias, inmediatas y muy reales por su comportamiento; mientras que la paciente, seguirá yendo por el mundo pensando que gritar y manotear es la forma correcta de vociferar las quejas.

Los puertorriqueños tenemos muchos, muchísimos talentos; pero fallamos enormemente en ver eso que le llaman “the big picture”. Considero que es importante también tomar la oportunidad de preguntarnos ¿por qué carajo la doctora hizo esas expresiones to begin with?

Me doy cuenta que el colectivo boricua pierde de perspectiva que la Tarjeta de Salud no es un Hada Madrina o un Angelito de la Guarda que te da unas ayudas así de la nada. No, señores. La Tarjeta de Salud es un programa de ayuda del gobierno para la prestación de servicios médicos a pacientes, que por razones económicas o de necesidad, cualifican para ellos; y los cuales, ¡Surprise!, son brindados por los profesionales de la salud. Médicos que se queman las pestañas estudiando por años para venir a ejercer su vocación en hospitales que, en muchísimas ocasiones, no tiene los materiales necesarios para la buena prestación de servicios; mal pagados, porque let’s face it, el gobierno de Puerto Rico es hartamente conocido como el deudor más mala paga de este país; y ahora, encima de todo esto, aguantando malas crianzas de los pacientes. ¿Quién carajo se endeuda por el equivalente de una casita en Paseos para aguantar semejante cosa?

¿Sabía usted que existe muchísimo talento entre la comunidad médica de Puerto Rico? Como dato curioso, los doctores se van a Estados Unidos donde les pagan el triple y, si allí se quedan, es porque seguro no los tratan tan mal.

Si bien tener educación te impone un estándar de conducta superior, no te hace invulnerable a sentir las frustraciones e incertidumbres que sufren día a día todos los puertorriqueños, indistintamente de lo que hacen para ganarse las habichuelas.  Mucha gente tiene que entender que cuando, a son de sacrificios y empujones, uno se hace profesional, no le depositan un millón de dólares en la cuenta de banco. Somos muchos los que andamos con un buen título, pero igual jodiéndonos para empatar la pelea, para echar hacia adelante y en espera de que esta inversión en nuestro futuro empiece a dar el rendimiento que nos prometió los amiguitos de Sallie Mae.

Me encantaría que viviéramos en un país donde la gente, en vez de salirle con reproches y reclamos a los doctores, le saliera de atrás pa’ alante a nuestros políticos y le pelearan a ellos, con la misma pasión y altanería, por ofrecerles una tarjetita y no remunerar bien a los que dan el servicio que cubre. Porque es bien fácil ganar elecciones prometiendo una cosa, olvidando totalmente de quienes depende que se la cosa. O a la Administración del mismo Hospital que, con toda probabilidad, no cuenta con el personal suficiente para atender con razonable demora los casos de los pacientes que allí llegan. Son los doctores los que tienen que aguantar las caras largas y virás de ojos de muchos, mientras les preparan a los pacientes la receta para que se mejoren.

Ese es el mal que sufrimos aquí.

Nos dan un plastiquito que garantiza unos servicios y nadie se pregunta a costa de qué serán ofrecidos. Nos dan un techo seguro y nadie se pregunta cuánto costaría tenerlo en otro lugar. Nos llega el plato de arroz y habichuelas a la mesa, y nunca, nunca le damos casco a cómo llego. Nadie se lo pregunta. ¿Para qué? Si cada cuatro años vendrá el salvador de turno a decirnos todo lo que supuestamente nos merecemos, todo lo que tenemos derecho de exigir. Todo lo que nos deben dar, sin nunca preguntar verdaderamente gracias a quién lo podemos recibir.

La ignorancia autoimpuesta y la jaquetonería autóctona son nuestra peor enfermedad, la mayoría de nuestro país está infectado; y esas sí que no las cubre la Tarjeta de Salud.

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